Un funcionario de Trump dijo que apoyarán a Milei con el FMI, pero pidió que se distancie de China

Un reciente artículo publicado por Infobae el 3 de abril de 2025 revela una declaración significativa por parte de un funcionario de la administración de Donald Trump: Estados Unidos estaría dispuesto a respaldar al gobierno de Javier Milei en sus negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero con una condición clara: que Argentina tome distancia de su creciente relación con China. Este pronunciamiento pone de manifiesto las tensiones geopolíticas que enfrenta el país sudamericano, atrapado entre las ambiciones de una superpotencia emergente y las exigencias de su histórico aliado occidental.
“Nosotros queremos que el presidente Milei tenga éxito, que su gestión tenga éxito. Entendemos primero el sacrificio enorme que ha llevado a cabo con todas las reformas fiscales que ha llevado a cabo. Es admirable, el mundo debe mirarlo en ese sentido. Es algo estamos haciendo aquí en los Estados Unidos. Un tema que sí nos preocupa en Argentina sigue siendo papel de China. Es un problema que obviamente heredó el presidente Milei”, declaró Claver-Carone, abogado de origen cubano que se convirtió en una figura de peso en áreas clave del gobierno estadounidense.
Además Claver-Carone señaló el papel extorsivo de China. “Que las medidas que pueda tomar Argentina y el programa que va a tomar llegue a un fin definitivo, porque esa línea de crédito es extorsiva, y mientras la mantengan siempre China va a poder extorsionar. Así que para nosotros la meta con el programa del FMI es que no refuerce la posición de China con esa línea de crédito. Esa es nuestra prioridad en cuestión geopolítica, pero por otra vía balancéandolo, queriendo que el presidente Milei pueda tener éxito en su gestión”, dijo el funcionario en declaraciones a El Observador.
Una relación con China heredada
Argentina no inició su vínculo con China desde cero. La relación comercial y los acuerdos bilaterales fueron heredados de administraciones anteriores, particularmente durante los gobiernos kirchneristas, que vieron en Beijing una fuente de financiamiento e inversión ante las dificultades para acceder al mercado internacional de capitales.
Uno de los ejemplos más controvertidos es la base espacial ubicada en Neuquén, operada por el régimen chino bajo un estricto control militar. Con una extensión equivalente a 500 campos de fútbol, esta instalación es inaccesible para las autoridades argentinas y está envuelta en un secretismo que alimenta sospechas. Aunque oficialmente se presenta como un centro para la observación espacial, su opacidad y la participación de personal militar chino han llevado a muchos a preguntarse: ¿qué hace realmente el Partido Comunista Chino (PCCh) en la Patagonia? ¿Es solo una cuestión de «mirar las estrellas»?
A esto se suma el avance de China en Tierra del Fuego, donde se negocia la construcción de una base naval que reforzaría su presencia estratégica en el extremo sur del continente. Proyectos de este tipo, junto con iniciativas para desarrollar puertos, vías ferroviarias, represas y centrales nucleares, evidencian una ambición que trasciende lo meramente comercial lo que consolidaría aún más la influencia de Beijing en el país.
El método de la rana en la olla
La estrategia del PCCh ha sido comparada con el viejo adagio de cocinar a una rana lentamente: aumentar su influencia de manera gradual pero constante, evitando reacciones bruscas hasta que sea demasiado tarde para revertirlo. Este enfoque ya ha dado frutos en varios países de África, donde China controla infraestructura clave como puertos y redes de transporte a cambio de préstamos que, en muchos casos, terminan siendo impagables. Argentina, con su economía vulnerable y su necesidad de inversión extranjera, parece estar siguiendo un camino similar.
La presencia china en el país no solo plantea dilemas económicos, sino también cuestiones de soberanía y seguridad nacional. ¿Cómo se explica que una potencia extranjera opere bases en territorio argentino sin supervisión local? ¿Qué implicancias tiene esto en un contexto global donde la rivalidad entre China y Estados Unidos define el tablero internacional?
La presión estadounidense y el dilema de Milei
En este escenario, la oferta de apoyo de Estados Unidos al gobierno de Milei llega como un mensaje claro: Washington está dispuesto a ayudar, pero espera que Argentina se alinee con sus intereses estratégicos. El FMI, donde Estados Unidos tiene un peso decisivo, sigue siendo un actor clave para la economía argentina, que arrastra una deuda de más de 44 mil millones de dólares. Sin embargo, aceptar esta mano extendida implicaría revisar los lazos con China, un socio que, aunque controvertido, ha ofrecido financiamiento y proyectos concretos en momentos de necesidad.
Para Milei, cuya administración ha priorizado una postura liberal y pro-occidental, la decisión no es sencilla. Por un lado, distanciarse de China podría fortalecer su relación con Estados Unidos y facilitar las negociaciones con el FMI, alineándose con su discurso de rechazo a los regímenes autoritarios. Por otro, romper con Beijing podría significar la pérdida de inversiones y el riesgo de represalias económicas, en un momento en que Argentina necesita desesperadamente recursos para estabilizarse.
La encrucijada geopolítica en la que se encuentra Argentina refleja un desafío mayor para América Latina: cómo navegar las tensiones entre grandes potencias sin sacrificar autonomía ni caer en dependencias asfixiantes. La presencia china en el país, con sus bases, proyectos y promesas, es un recordatorio de que las decisiones de hoy tendrán consecuencias duraderas. Mientras tanto, la advertencia de Estados Unidos pone sobre la mesa una pregunta ineludible: ¿hasta dónde está dispuesto Milei a ceder en este juego de ajedrez global?