Reacciones en América Latina a los aranceles de Trump: Argentina celebra, Brasil y México se preparan para responder

El anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la imposición de aranceles recíprocos a partir del 2 de abril de 2025 ha generado una ola de reacciones diversas en América Latina. Países como Argentina, Brasil y México, tres de las economías más relevantes de la región, han respondido de manera contrastante a las medidas que incluyen un arancel base del 10% para la mayoría de las naciones latinoamericanas, con excepciones y matices que reflejan las dinámicas políticas y comerciales de cada caso. A continuación, exploramos las posturas de estos países ante el nuevo escenario comercial.

Argentina: una celebración inesperada

En Argentina, el presidente Javier Milei ha adoptado una postura sorprendentemente positiva frente a los aranceles impuestos por Trump.

Milei celebró la decisión estadounidense con un guiño musical, interpretando una versión de «Friends Will Be Friends» de Queen durante un evento público. Para el líder libertario, el hecho de que Argentina haya recibido el arancel mínimo del 10% —en contraste con tasas más altas aplicadas a otros países como China (34%) o la Unión Europea (20%)— es una señal de la buena relación que mantiene con Trump. «Los amigos serán amigos», habría dicho Milei, interpretando la medida como un reconocimiento tácito de su alineamiento ideológico y estratégico con Estados Unidos.

A pesar de que Argentina no escapó completamente de las tarifas —que se suman a un 25% ya vigente sobre acero y aluminio—, Milei ve en esta política una oportunidad para negociar un acuerdo de libre comercio con Washington, un objetivo que ha promovido desde su llegada al poder. Sin embargo, analistas advierten que el aumento en los costos de exportación podría afectar sectores clave como el agropecuario y el energético, que dependen del mercado estadounidense, a menos que se concrete una exención o un trato preferencial.

Brasil: una respuesta firme y pragmática

Por su parte, Brasil, bajo el liderazgo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, ha adoptado una postura más crítica y proactiva. En este sentido, el líder izquierdista afirmó que su gobierno «adoptará todas las medidas posibles» para contrarrestar los efectos de los aranceles del 10% impuestos por Trump. Aunque Brasil también recibió la tarifa base, lo que representa un alivio relativo frente a las tasas más altas aplicadas a otros competidores globales, el anuncio ha sido recibido con preocupación en Brasília.

El gobierno brasileño, que exporta cerca de 2.2% de su PIB a Estados Unidos —principalmente acero, productos agrícolas y manufacturas—, ve en los aranceles una amenaza a su balanza comercial. En respuesta, el Congreso de Brasil aprobó rápidamente una «Ley de Reciprocidad Económica» que permite al Ejecutivo imponer medidas retaliatorias contra Estados Unidos si fuera necesario. Lula ha enfatizado que su administración analizará el impacto económico y buscará diversificar mercados, mirando hacia Asia y América Latina como alternativas para amortiguar las pérdidas. «No nos quedaremos de brazos cruzados», declaró, dejando abierta la puerta a una guerra comercial limitada si las negociaciones con Washington no prosperan.

México: cautela y búsqueda de excepciones

México, a diferencia de Argentina y Brasil, no fue incluido en la ronda de aranceles recíprocos anunciada el 2 de abril, pero sigue sujeto a tarifas previas del 25% sobre la mayoría de sus exportaciones a Estados Unidos, implementadas desde febrero de 2025 y vinculadas a temas de migración y fentanilo. La presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por una estrategia de cautela y diálogo, evitando una confrontación directa con Trump. En declaraciones recientes, Sheinbaum expresó que su gobierno no cree en «el ojo por ojo» y que buscará soluciones que beneficien a México sin escalar las tensiones.

A pesar de esta postura conciliadora, México enfrenta un desafío significativo: cerca del 30% de su PIB depende de las exportaciones a Estados Unidos, especialmente en el sector automotriz y manufacturero. Aunque los bienes que cumplen con el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) están exentos de las tarifas más recientes, aproximadamente el 50% de las exportaciones mexicanas no califican bajo este acuerdo y siguen gravadas con el 25%. Sheinbaum ha indicado que su administración trabajará para ampliar las exenciones y fortalecer la cooperación en seguridad fronteriza, un tema clave para Trump, con la esperanza de mitigar el impacto económico.

Las reacciones de Argentina, Brasil y México a los aranceles de Trump reflejan no solo sus prioridades económicas, sino también sus enfoques políticos frente a la impredecible agenda del presidente estadounidense. Mientras Milei celebra lo que percibe como un trato preferencial y una oportunidad geopolítica, Lula se prepara para una defensa activa de los intereses brasileños, y Sheinbaum apuesta por la diplomacia para proteger la economía mexicana. En un contexto de incertidumbre global, estas posturas podrían definir el rumbo de las relaciones comerciales entre América Latina y Estados Unidos en los próximos años, con implicaciones que van más allá de lo económico y tocan la soberanía y el equilibrio de poder en la región. Por ahora, el tablero está en movimiento, y cada país juega sus cartas según su propia estrategia.

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Redacción Mundo Libre
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