Quién era Carlos Manzo, el “Bukele mexicano” asesinado durante el Festival de Velas en Uruapan

La ciudad de Uruapan, Michoacán, amaneció consternada tras el asesinato de su alcalde, Carlos Manzo, ocurrido la noche del 1 de noviembre durante la inauguración del tradicional Festival de Velas. El ataque, perpetrado en pleno Centro Histórico y ante la presencia de familias y niños, ha desatado una profunda indignación social y reavivado el debate sobre la violencia política en México.
De acuerdo con la Fiscalía General del Estado de Michoacán, Manzo recibió tres disparos por la espalda mientras caminaba junto a su familia entre los asistentes al evento. Fue trasladado de urgencia al Hospital Fray Juan de San Miguel, donde los médicos intentaron reanimarlo durante cerca de cuarenta minutos, sin éxito.
Horas después, cientos de vecinos se congregaron en la plaza principal para rendirle homenaje con veladoras y exigir justicia. El domingo, su féretro —cubierto con la bandera mexicana— fue despedido por familiares, amigos y elementos de la policía municipal. “Carlos no se rindió ante el miedo, y nosotros tampoco lo haremos”, dijo su esposa, Grecia Quiroz, durante la ceremonia.
Las autoridades confirmaron la detención de dos sospechosos y la muerte de un tercero durante un operativo.
Un alcalde que desafió al crimen
Carlos Manzo había asumido la alcaldía de Uruapan en septiembre de 2024 como candidato independiente, con la promesa de recuperar la seguridad en uno de los municipios más golpeados por la violencia del narcotráfico. Su gestión se distinguió por la firmeza de su discurso y su decisión de confrontar abiertamente al crimen organizado.
Manzo destinó más de 50 millones de pesos a fortalecer la policía local, adquiriendo patrullas, vehículos blindados e incrementando los salarios de los agentes. Su prioridad, decía, era “devolver la autoridad a las calles”. Estas medidas, junto con su estilo directo y su presencia constante en operativos, le valieron el apodo de “el Bukele mexicano”, en alusión al presidente salvadoreño Nayib Bukele y su política de mano dura contra las pandillas.
Aunque el propio Manzo rechazaba esa comparación —afirmando que prefería ser recordado como un alcalde con identidad local—, el apodo reflejaba la percepción de muchos ciudadanos que lo veían como un líder decidido a no ceder ante la delincuencia.
Un liderazgo con identidad propia
A lo largo de su mandato, Manzo insistió en que la autonomía municipal debía traducirse en acciones concretas. “No quiero ser otro Bukele, quiero ser un alcalde que haga historia en Uruapan”, dijo en una entrevista meses atrás. Su mensaje era claro: la seguridad debía construirse desde lo local, con presencia del Estado y determinación política.
Uruapan, conocida como la “capital mundial del aguacate”, se ubica en una zona estratégica y altamente disputada por grupos criminales interesados en controlar la producción y exportación del fruto. En los últimos años, Michoacán se ha convertido en uno de los estados más peligrosos para servidores públicos, con numerosos alcaldes y funcionarios asesinados.
El crimen de Carlos Manzo ha dejado una profunda huella en la sociedad michoacana. Para muchos, su figura simbolizaba el intento de un liderazgo independiente de hacer frente al poder del crimen organizado. Su muerte no solo enluta a un municipio, sino que reabre una pregunta que México sigue sin resolver: ¿cuál es el costo de enfrentar al crimen cuando el Estado parece replegado?








