Purga en la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU.: Tulsi Gabbard actúa contra propaganda trans y marxista
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Esta semana, un escándalo sacude a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos tras revelarse la existencia de una sala de chat secreta donde altos funcionarios intercambiaban mensajes subidos de tono sobre cirugías genitales, fetiches trans y actividades sexuales.
Lo que comenzó como un hallazgo explosivo del medio City Journal ha destapado una crisis más profunda: una infiltración ideológica de activistas transgénero y marxistas que, según un denunciante interno, lleva una década comprometiendo la misión de la agencia. En respuesta, la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, ordenó una purga inmediata, exigiendo identificar y despedir a los implicados, además de revocar sus autorizaciones de seguridad.
El escándalo de los chats secretos
El reportaje de City Journal, liderado por el periodista conservador Christopher Rufo, expuso conversaciones explícitas en la plataforma interna de la NSA, Intelink Messenger. Lo que inicialmente parecía un caso de conducta inapropiada —discusiones sobre cirugías de reasignación de sexo, poliamor y fetiches— escaló al revelarse que estos intercambios estaban vinculados a grupos de diversidad, equidad e inclusión (DEI), como “LBTQA” e “IC_Pride_TWG”. Más de 100 empleados de 15 agencias de inteligencia, incluyendo la NSA, la CIA y la DIA, habrían participado, según Gabbard.
La reacción fue inmediata. El martes 25 de febrero de 2025, Gabbard emitió un memorando ordenando a todas las agencias de inteligencia identificar a los responsables antes del viernes, con la instrucción de despedirlos y retirarles sus credenciales de seguridad.
“Sabemos quiénes son. Se están tomando medidas”, afirmó en X, calificando los chats como “obscenos, pornográficos y sexualmente explícitos” y una “atroz violación de la confianza”. La NSA, por su parte, reconoció en un comunicado en X estar investigando el “uso indebido” de sus plataformas, insistiendo en que estas conductas no representan a la comunidad de inteligencia.
Una ideología infiltrada
Sin embargo, el denunciante de la NSA, entrevistado por Rufo, asegura que el problema trasciende los mensajes subidos de tono. Según este veterano de la agencia, hace una década comenzó un proceso de “captura ideológica” impulsado por activistas trans y marxistas que se han enquistado en posiciones de poder. Lo que empezó con grupos de recursos para empleados —como los de afroamericanos, veteranos o Pride— evolucionó de eventos culturales a una agenda omnipresente. “Todo se volvió Pride”, relató, describiendo entrenamientos obligatorios sobre “privilegio” y lenguaje “género-neutral” que desviaban a analistas de sus tareas de inteligencia.
El informante pinta un cuadro alarmante: una minoría de activistas transgénero masculinos a femeninos, aunque pequeña, ejerce una influencia desproporcionada, promoviendo una “filosofía marxista” que desprecia el capitalismo y el cristianismo. “Odian el capitalismo. Odian a los cristianos. Siempre están defendiendo creencias socialistas y marxistas”, afirmó. Este sesgo ideológico, según él, ha afectado la calidad de los informes de inteligencia, con analistas reacios a usar nombres reales de adversarios por temor a “irrespetar” sus “nombres muertos”, un término asociado a la identidad trans.
Riesgos para la seguridad nacional
La NSA, encargada de la recolección de inteligencia digital, es un pilar clave de la seguridad nacional estadounidense. Sin embargo, el denunciante advierte que la obsesión por la ideología trans y el DEI ha degradado su capacidad operativa. “Cuando estás escribiendo un informe y te preocupas más por cómo se aplica a la ideología de género que por mantener una mente imparcial, eso va a hacer que maten a gente en el campo”, afirmó. Más allá del impacto operativo, ve en esta “conducta de culto” un riesgo de contrainteligencia, con empleados inestables compitiendo por destacar su excentricidad en un juego social de “superación” ideológica.
Estas acusaciones resuenan con las críticas de Trump y sus aliados, quienes desde hace años han denunciado un supuesto “Deep State” —una burocracia politizada que resiste las reformas conservadoras—. La confirmación de Gabbard como directora de Inteligencia Nacional el 12 de febrero de 2025, con una votación ajustada de 52-48 en el Senado, ya había generado polémica por su historial de posturas controvertidas, como su apoyo a Edward Snowden y sus críticas a la vigilancia masiva.
La purga de Gabbard y el futuro
La orden de Gabbard marca un punto de inflexión. Respaldada por Trump y figuras como Elon Musk, cuyo Departamento de Optimización Gubernamental (DOGE) también busca recortar burocracia, la directora busca “limpiar la casa” y reorientar las agencias de inteligencia hacia su misión principal: proteger la seguridad y libertades del pueblo estadounidense. Sin embargo, el denunciante expresa escepticismo sobre su implementación plena. “Deberían identificarlos fácilmente porque tienen los registros. Si no lo hacen, están obstruyendo”, dijo, reflejando una desconfianza forjada durante los últimos cuatro años bajo la administración Biden.
El escándalo y la purga resultante han avivado el debate sobre la politización de las instituciones estadounidenses. Para los críticos de izquierda, como el senador Chuck Schumer, Gabbard representa un riesgo por su “historial de errores de juicio”. Para los conservadores, es una oportunidad de extirpar una ideología que consideran corrosiva. Mientras las investigaciones avanzan y los despidos se concretan, el futuro de la NSA pende entre la promesa de una renovación y el temor a una resistencia interna que podría sabotear los esfuerzos de reforma.