Esta fue la principal causa de muerte en el mundo en el año 2021

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Con 42,6 millones de bebés por nacer muertos en el vientre materno, en el año 2021, el aborto fue la principal causa de muerte en el mundo, acorde a los datos que brindó el sitio web de estadísticas en tiempo real Worldometer el pasado 31 de diciembre. 

Hasta el mediodía del último día del año se recogía esa cifra que representa algo más del 42 por ciento de todas las muertes del 2021. El total de las muertes por otras causas fueron de 58,7 millones, entre ellas, algo más de 5 millones fueron provocadas por el Covid-19.

Tal como el año pasado, la impactante cifra también revela que murieron más seres humanos por aborto que la suma de muertes por cáncer, malaria, SIDA, enfermedades relacionadas con el tabaco, el alcohol, y accidentes de tránsitos. 

En Argentina por ejemplo, los datos oficiales indican que se realizaron 32.758 abortos al 30 de noviembre de 2021, el primer año en donde no está penalizado cometer este asesinato. El dato curioso es que para justificar la legalización del aborto, los activistas esgrimían que por año se realizaban alrededor de 450.000 abortos clandestinos, número que no se condice para nada con el número oficial de este último año.

Otro dato interesante a conocer es que el Dr. Bernard Nathanson, un prestigioso ginecólogo que pasó de realizar decenas de miles de abortos a ser activista provida, dijo en una carta abierta que las encuestas inventadas, las cifras manipuladas y los medios de comunicación empujaron para hacer que el aborto se volviera legal en los EE. UU.

El «Doctor Aborto»

Uno de los principales promotores de la legalización del aborto en EE. UU. en 1973 fue el Dr. Bernard Nathanson, reconocido médico abortista, quien reconoció ser el responsable de 75.000 abortos y por eso fue apodado como el «Doctor Aborto».

Este médico fue director del “Centro de Salud Reproductiva y Sexual” de Nueva York, que era entonces la mayor clínica abortista del mundo.

Sin embargo, al final de los 70 dio un giro radical a su vida y llegó a ser un gran abogado de la causa pro-vida al comprender que “aquello” que había abortado miles de veces, era en realidad un ser humano desde el instante de la concepción.

Como parte de su campaña provida, el Dr. Nathanson escribió una carta abierta publicada en 1992 donde relata el proceso manipulador que siguió, junto con otros proabortistas, para lograr influir en la opinión pública y llegar a promulgar la que a día de hoy es una de las leyes proabortistas más permisivas del mundo, que luego fue replicada en muchos otros países.

Texto completo de la carta abierta del Dr. Bernard Nathanson (1992)

Soy responsable directo de 75.000 abortos, lo que me empuja a dirigirme al público poseyendo credibilidad sobre la materia.

Fui uno de los fundadores de la Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en los Estados Unidos, en 1968. Entonces una encuesta veraz hubiera establecido el hecho de que la mayoría de los norteamericanos estaban en contra de leyes permisivas sobre el aborto. No obstante, a los 5 años conseguimos que la Corte Suprema legalizara el aborto, en 1973. ¿Como lo conseguimos? Es importante conocer las tácticas que utilizamos, pues con pequeñas diferencias se repitieron con éxito en el mundo Occidental.

Nuestro primer gran logro fue hacernos con los medios de comunicación; les convencimos de que la causa pro-aborto favorecía un avanzado liberalismo y sabiendo que en encuestas veraces seríamos derrotados, amañamos los resultados con encuestas inventadas y las publicamos en los medios; según ellas el 60% de los norteamericanos era favorable a la implantación de leyes permisivas de aborto.

Fue la táctica de exaltar la propia mentira y así conseguimos un apoyo suficiente, basado en números falsos sobre los abortos ilegales que se producían anualmente en EE. UU. Esta cifra era de 100.000 (cien mil) aproximadamente, pero la que reiteradamente dimos a los medios de comunicación fue de 1.000.000 (un millón). Y una mentira lo suficientemente reiterada, la opinión pública la hace verdad.

El número de mujeres que morían anualmente por abortos ilegales oscilaba entre 200 y 250, pero la cifra que continuamente repetían los medios era 10.000 (diez mil), y a pesar de su falsedad fue admitida por muchos norteamericanos convenciéndoles de la necesidad de cambiar las leyes sobre el aborto.

Otro mito que extendimos entre el público, es que el cambio de las leyes solamente implicaría que los abortos que se practicaban ilegalmente, pasarían a ser legales. Pero la verdad es que actualmente, el aborto es el principal medio para controlar la natalidad en EE. UU. y el número de anual de abortos se ha incrementado en un 1500%, 15 veces más (a fecha de 1992).

La segunda táctica fundamental fue jugar la carta del anticatolicismo.

Despreciamos sistemáticamente a la Iglesia Católica, calificando sus ideas sociales de retrógradas; y atribuimos a sus Jerarquías el papel del “malvado” principal entre los opositores al aborto permisivo. Lo resaltamos incesantemente. Los medios reiteraban que la oposición al aborto procedía de dichas Jerarquías, no del pueblo católico; y una vez más, falsas encuestas “probaban” reiteradamente que la mayoría de los católicos deseaban la reforma de las leyes antiaborto. Y los tambores de los medios persuadieron al pueblo americano de que cualquier oposición al aborto tenía su origen en la Jerarquía Católica y que los católicos proaborto eran los inteligentes y progresistas. El hecho de que grupos cristianos no católicos, y aún ateos, se declarasen pro-vida, fue constantemente silenciado.

La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar, cualquier evidencia científica de que la vida comienza con la concepción.

Frecuentemente me preguntan que es lo que me hizo cambiar. ¿Cómo pasé de ser un destacado abortista a un abogado pro-vida? En 1973 llegué a ser Director de Obstetricia en un gran Hospital de la ciudad de Nueva York, y tuve que iniciar una unidad de investigación perinatal; era el comienzo de una nueva tecnología que ahora utilizamos diariamente para estudiar el feto en el útero materno. Un típico argumento pro aborto es aducir la imposibilidad de definir cuando comienza el principio de la vida, afirmando que ello es un problema teológico o filosófico, no científico.

Pero la fetología demuestra la evidencia de que la vida comienza en la concepción y requiere toda la protección de que gozamos cualquiera de nosotros.

Ud. podría preguntar: ¿Entonces, por qué algunos doctores, conocedores de la fetología, se desacreditan practicando abortos?

Cuestión de aritmética: a 300 dólares cada uno, un millón quinientos cincuenta mil (1.550.000) abortos en los Estados Unidos, implican una industria que produce 500 millones de dólares anualmente. De los cuales, la mayor parte van a los bolsillos de los doctores que practican el aborto.

Es un hecho claro que el aborto voluntario es una premeditada destrucción de vidas humanas. Es un acto de mortífera violencia. Debe de reconocerse que un embarazo inesperado plantea graves y difíciles problemas. Pero acudir para solucionarlo a un deliberado acto de destrucción supone podar la capacidad de recursos de los seres humanos; y, en el orden social, subordinar el bien público a una respuesta utilitarista.

Como científico no creo, yo sé y conozco que la vida humana comienza en la concepción. Y aunque no soy de una religión determinada creo con todo mi corazón que existe una divinidad que nos ordena finalizar para siempre este infinitamente triste y vergonzoso crimen contra la humanidad.

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