¿Es realmente posible que una tormenta solar dañe ’catastróficamente’ la tecnología en la Tierra?

Los daños causados por las inminentes tormentas solares serían menos drásticos que lo anticipado, siendo sus efectos limitados por la preparación de la infraestructura terrestre. El físico Víctor Pinto, en la vanguardia local de los estudios del clima espacial, explica qué es lo que sabemos sobre lo que pasará en los próximos años.
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El físico y académico de la Universidad de Santiago, Víctor Pinto, bajó el perfil a los peligros que podría traer la próxima gran tormenta solar, afirmando que no es un escenario tan “catastrófico” como se ha anticipado.

Pinto participó junto a colegas de la Universidad de Chile en el estudio “Ocurrencia de Tormentas Geomagnéticas y su Relación con las Fases de los Ciclos Solares”, en el cual analizaron si es posible que ocurra una geotormenta capaz de apagar redes eléctricas y telecomunicaciones.

¿Qué ocurrirá?

“Lo que pasa es que acá estamos hablando de dos cosas que van en escalas de tiempo distintas. La primera es el ciclo solar, que es el que ocurre cada 11 años y que tiene cada fase un poco menos de tres años -una fase mínima con muy poca actividad y una fase máxima en donde hay mucha actividad-. Eso es repetitivo y sabemos que el próximo año y el 2025 vamos a estar en el máximo solar”, explica el especialista.

Alternativamente, “lo otro es que el proceso de tormenta magnética. Se ha hablado de que lo que nos va a impactar realmente es este tipo de eventos que ocurren y que duran uno o dos días”.

Entonces, cuando se habla de inminencia, clarifica: “es inminente que vamos a entrar en el ciclo máximo del viento del sol. Es inminente que vamos a tener estas tormentas magnéticas, cada una cierta con una cierta frecuencia. Es cierto, y es inminente que algunas de estas van a ser de más intensidad que otras”, pero matiza que es distinto hablar de que tendrían “características catastróficas”.

“Yo creo que existe una probabilidad baja, pero no cero, de que los próximos tres años pueda haber algún desperfecto, algún evento o alguna falla en algún sistema tanto espacial como terrestre” debido a estos fenómenos magnéticos, pero matiza que “probablemente va a ser localizado. Probablemente sea un satélite que falle, o una central eléctrica la que tiene que salir de operación por un par de horas, y no debiera ser mucho más que eso”.

En este sentido, considera que “la palabra inminencia se usa con un sentido más de urgencia, más de de ser precavidos. Y ese no es necesariamente el caso”.

¿Estamos en peligro ante una tormenta solar?

El daño que sufra nuestra infraestructura ante una tormenta solar, indica, dependerá por ello de la preparación. Para ello, los analistas del clima espacial emiten alertas que las instituciones y compañías pueden acatar para resguardar sus sistemas.

“Entonces, al final nosotros no podemos decir cuánto efecto va a haber, porque eso también tiene que ver con qué tan preparados están los sistemas de infraestructura que podrían verse afectados”, acota.

Para ello, “a nivel de gobierno, siempre es prudente que existan los protocolos de mitigación y de preparación respecto de estas cosas. Lamentablemente hay pocos estudios en Chile”.

“Nunca se ha hecho un estudio, por ejemplo, para saber cuáles podrían ser los puntos vulnerables de Chile. ¿Por qué? Bueno, por varias razones. No es un tema que sea demasiado popular, hacer estos estudios cuestan dinero, por supuesto, y tampoco hay tanta gente en Chile que trabaje en esto como para para hacerlo, a diferencia de potencias como Estados Unidos, Inglaterra”.

Sin embargo, valora que la Onemi ha contemplado el clima espacial como un factor de riesgo en sus reportes.

¿Ha pasado antes?

El científico contextualiza que a lo largo de la historia ha habido reportes de tormentas geomagnéticas con impacto de proporciones en la tierra. En 1859, por ejemplo, ocurrió una tormenta solar conocida como evento Carrington.

“Uno sabe que históricamente estas cosas suceden y que van a suceder de nuevo. Es un fenómeno cíclico. Y el estudio que nosotros hicimos fue estudiar la probabilidad de que un fenómeno de tal magnitud, extremo, pueda ocurrir”, dijo el especialista.

Así, añadió que “encontramos cuál es la probabilidad y es que estos eventos grandes debieran ocurrir cada 100 o 200 años. En los próximos 2 o 3 años viene el máximo solar donde es común que ocurran tormentas geomagnéticas, pero no todas estas tormentas son mega eventos o extremas”, señaló, matizando que un evento de tal magnitud no es tan inminente como se ha anticipado.

Finalmente, sobre cómo se puede uno preparar, señaló que “no es el ciudadano promedio el que tiene que tomar las precauciones porque esto afecta principalmente a las grandes estructuras, por lo que tiene que ser a nivel gubernamental”.

Artículo publicado originalmente en BíoBíoChile

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