El incendio más mortal en Hong Kong en décadas desata cuestionamientos por fallas de seguridad y renovaciones deficientes

El devastador incendio que arrasó gran parte del complejo residencial Wang Fuk Court, en el distrito de Tai Po, se ha convertido en el siniestro más mortífero registrado en Hong Kong en al menos siete décadas. La tragedia, que dejó decenas de muertos, más de un centenar de desaparecidos y miles de evacuados, ocurrió tras más de un año de advertencias de los residentes sobre riesgos vinculados a las obras de mantenimiento que se realizaban en los edificios.
Advertencias ignoradas y materiales cuestionados
En septiembre de 2024, vecinos de Wang Fuk Court habían denunciado ante el Departamento de Trabajo que los trabajos de renovación incluían el uso de una malla protectora de color verde sobre un andamiaje de bambú que, según temían, podría ser inflamable. La entidad revisó las certificaciones y aseguró a los habitantes que el material cumplía con los estándares de resistencia al fuego y que el riesgo general era “relativamente bajo”, siempre que se evitaran actividades de alto peligro, como soldaduras.
Sin embargo, tras el incendio, la Policía de Hong Kong informó que en las fachadas se encontraron redes, lonas impermeables y láminas plásticas presuntamente no aptas en términos de seguridad contra incendios. Tres personas vinculadas a la empresa contratista Prestige Construction, responsable de las obras desde enero de 2024, fueron detenidas bajo sospecha de homicidio involuntario.
Prestige había obtenido un contrato de renovación valuado en 330 millones de dólares hongkoneses (unos 42 millones de dólares estadounidenses), pero no respondió a consultas de la prensa. La oficina de la compañía permanecía cerrada al público tras la tragedia.
Un siniestro de propagación fulminante
El incendio comenzó el 26 de noviembre alrededor de las 14:51 horas en el andamiaje exterior de uno de los ocho edificios del complejo. En apenas cinco minutos, cuando los bomberos llegaron al lugar, las llamas ya habían trepado por la estructura de bambú, ingresado a la torre y avanzado hacia otras edificaciones.
Para las 18:22, el fuego había alcanzado la categoría de Nivel 5, una de las más altas en Hong Kong. En pocas horas, siete de las ocho torres de 32 pisos estaban envueltas en llamas, con densas columnas de humo que dificultaban el acceso a los pisos superiores.
Más de 4.600 residentes fueron evacuados y centenares tuvieron que ser alojados en refugios temporales. Todavía se desconoce el paradero de muchas personas.
El experto en seguridad contra incendios Jiang Liming, de la Universidad Politécnica de Hong Kong, comparó el episodio con el incendio de Grenfell Tower en Londres (2017), donde la combinación de materiales inflamables y fallas regulatorias facilitó una rápida propagación del fuego desde la fachada hacia el interior de las viviendas.
Hallazgos inquietantes y fallas en sistemas básicos de emergencia
Tras la tragedia, las autoridades informaron haber hallado paneles de espuma instalados en ventanas de algunas unidades, un material que arde con rapidez y produce humo tóxico. Varios residentes aseguraron que ese revestimiento bloqueó su visión hacia el exterior, impidiéndoles percibir la magnitud del incendio.
Videos compartidos por vecinos mostraban también a trabajadores fumando sobre el andamiaje, una práctica denunciada meses antes y que, según los residentes, nunca fue corregida por la administración.
Documentos revisados por Reuters indican que los propietarios ya habían expresado preocupaciones adicionales durante reuniones de 2024 y 2025, incluyendo problemas con mangueras envejecidas, alarmas averiadas, bocas de agua en mal estado y equipos de emergencia pendientes de renovación. El Secretario de Seguridad de Hong Kong confirmó posteriormente que las alarmas del complejo no funcionaban correctamente cuando comenzó el incendio.
Un proyecto costoso, pero con controles insuficientes
La renovación del complejo había sido aprobada a comienzos de 2024, con un presupuesto que requería que cada una de las casi 2.000 viviendas aportara entre 160.000 y 180.000 dólares hongkoneses. Para reducir costos, los ocho edificios se sometieron a obras simultáneas, lo que multiplicó la presencia de andamios y materiales temporales alrededor de las torres.
Debido a que Wang Fuk Court es un desarrollo privado, no estaba sujeto a las estrictas normas de protección contra incendios aplicadas a los proyectos públicos. Especialistas señalan que, aunque el uso de bambú y mallas retardantes es legal, su riesgo se incrementa cuando se instala en masas extensas y sin medidas adicionales de contención.
Revisión urgente de la normativa y del uso de andamios
Tras el incendio, el jefe del Ejecutivo, John Lee, anunció que el gobierno revisará el empleo de andamiajes de bambú y ordenó inspecciones de emergencia en todos los edificios con obras en curso. Tanto el Departamento de Edificios como el Departamento de Trabajo iniciaron verificaciones para determinar si se utilizaron materiales que no cumplían las normas de seguridad.
Las autoridades también investigan si la espuma encontrada en las ventanas contribuyó a la expansión del fuego y si su colocación fue autorizada o supervisada adecuadamente.
Testimonios de residentes entre la desesperación y la indignación
Muchos habitantes expresaron frustración por la falta de controles. Una residente que aún espera noticias de su madre de 72 años cuestionó: “La ley existe, pero ¿la hacen cumplir? Tengo mis dudas”.
Otro vecino relató que la espuma instalada en su ventana impidió que sus padres vieran las llamas: “No se dieron cuenta hasta que los llamé por teléfono.”
En redes sociales, varios ciudadanos calificaron el siniestro como una “tragedia anunciada”, denunciando que el andamiaje de bambú, combinado con materiales plásticos y la presencia de cigarrillos encendidos, creó una estructura altamente inflamable.








