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Brasil, cada vez más cerca del régimen comunista chino

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Brasil parece haber adoptado plenamente la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China, a pesar de no haber formalizado su adhesión. Durante su encuentro con Xi Jinping en Beijing en abril, el presidente Lula da Silva rubricó 15 acuerdos de cooperación, señalando un cambio significativo en las relaciones bilaterales. Aunque la adhesión formal a la BRI se minimizó públicamente, eventos recientes indican un alineamiento más profundo con la iniciativa china que busca financiar las obras públicas de las naciones en desarrollo.

El 15 de diciembre, la empresa estatal china State Grid ganó la subasta de las redes de transmisión eléctrica de Brasil, con una inversión total de 21.700 millones de reales. Este gigante energético chino, ya con un control sustancial de la infraestructura eléctrica brasileña, construirá 1.468 kilómetros de líneas en los estados norteños de Maranhão, Tocantins y Goiás. Sin embargo, la transparencia de la licitación fue cuestionada, con acusaciones de favoritismo hacia State Grid, alegando que las bases de la licitación estaban diseñadas para favorecer a los proveedores chinos, según lo informado por Infobae.

State Grid, presente en el mercado energético brasileño desde 2010, ha adquirido plantas de transmisión, activos de empresas españolas y brasileñas, consolidándose como una figura clave en la infraestructura eléctrica del país. Su participación en la última subasta refuerza la percepción de que estas adquisiciones son parte integral de la BRI.

Otro proyecto que ha generado inquietudes es el anunciado por la empresa china Brasil CRT, que tiene planes de construir un megapuerto y una ciudad futurista para tres millones de habitantes en Mataraca, Paraíba. La inversión proyectada asciende a aproximadamente 9 billones de reales, una cifra significativa para la región. Aunque el Gobierno brasileño ha negado oficialmente su adhesión a la BRI, las declaraciones de los representantes chinos sugieren la alineación del proyecto con dicha iniciativa.

Además, la reapertura de la filial Petrobras China y la primera operación de swap en yuanes entre el Banco de China Brasil y el Banco do Brasil también indican una mayor integración económica entre ambos países, desafiando la tradicional dependencia del dólar.

En un momento donde Argentina -uno de los principales proveedores de alimentos hacia China- se está distanciando del régimen comunista chino, este está cada vez más cerca de Brasil. En el mes de diciembre el ministro de Agricultura, Carlos Fávaro, solicitó la intervención del presidente de la República, Luiz Inácio Lula da Silva, para intentar aumentar el número de frigoríficos brasileños habilitados para exportar a China, según informó Globo Rural.

La iniciativa BRI y la trampa de deuda

Lanzada en 2013, la iniciativa BRI de China, también conocida como “One Belt, One Road” o “la Nueva Ruta de la Seda”, es uno de los programas de desarrollo más ambiciosos y controvertidos del mundo.

A través de esta iniciativa, China ha invertido miles de millones de dólares en préstamos a los países con bajos ingresos para ayudar a construir sus proyectos masivos de infraestructura en lugares estratégicos, por ejemplo puertos y aeropuertos.

“Los puertos tienen doble uso en casi todos los países, tanto para uso civil como militar”, dijo Bonnie Glick, Administrador Adjunto de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) al programa American Thought Leaders de The Epoch Times.

“Y la forma en que China ha trazado el mapa del mundo, ha estado mirando estratégicamente los puertos más valiosos primero y por lo tanto, ha estado acercándose a esos países”, dijo Glick.

Cabe resaltar que si bien los planes de las constructoras estatales chinas pueden resultar más económicos también pueden ser defectuosos y hasta peligrosos, teniendo en cuenta que se trata de obras públicas, como rutas u hospitales.

Asimismo, la Iniciativa de la Franja y la Ruta ha planteado graves antecedentes en países subdesarrollados que, al no poder pagar las obras de infraestructura construidas por empresas chinas, Beijing se ha apoderado de las mismas. Tal es el caso del puerto de Hambantota (el más grande de Sri Lanka) que pasó a manos chinas luego de que el gobierno no pudiera afrontar el pago de la deuda por su construcción.

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