Agua en La Habana: entre pozos y negocios, la lucha por cada gota

La búsqueda de agua potable se ha convertido en un desafío creciente para los habitantes de La Habana, en medio de una crisis energética que ha afectado gravemente los servicios básicos en Cuba.
Con cortes de electricidad constantes, falta de combustible y una infraestructura hídrica deteriorada, tanto en el centro de la ciudad como en sus alrededores han surgido alternativas para garantizar el acceso a este recurso esencial. Negocios privados que venden agua purificada y el uso de pozos en zonas suburbanas están ganando terreno como soluciones ante las dificultades del suministro estatal.
En Guanabo, una localidad costera en las afueras de La Habana, el acceso al agua potable siempre ha sido complicado debido a la salobridad natural del agua. Históricamente, los residentes dependían de un servicio estatal de tuberías, pero la escasez de combustible ha reducido drásticamente su funcionamiento. Como resultado, el agua de pozos se ha convertido en una opción viable para muchos. Aunque no siempre cumple con los estándares de potabilidad sin tratamiento adicional, los habitantes han recurrido a esta alternativa ante la falta de opciones.
En el corazón de La Habana, el panorama es diferente pero igualmente desafiante. Negocios privados que venden agua purificada han experimentado un auge notable. Inicialmente, estos emprendimientos abastecían principalmente a restaurantes, el sector diplomático y empresas extranjeras.
Sin embargo, la demanda ha crecido entre los residentes locales, quienes enfrentan interrupciones en el suministro de agua, así como la falta de gas o electricidad para hervirla y hacerla segura para el consumo. Estos servicios, que suelen operar con sistemas de filtración y embotellamiento, han encontrado un mercado en expansión en una población desesperada por soluciones.
Según datos oficiales publicados por el medio estatal Granma, el 79.6% de la población cubana recibe agua potable a través de redes gestionadas por las empresas de Acueducto y Alcantarillado. Sin embargo, el servicio se ve afectado por múltiples problemas: fugas en las tuberías, averías en los equipos de bombeo y los frecuentes apagones que paralizan el sistema.
En 2024, más de 600,000 personas en la isla dependían de camiones cisterna (conocidos como «pipas») para recibir agua, lo que evidencia las limitaciones del sistema tradicional. La Agencia de Noticias Cubana (ACN) ha reportado que la crisis energética, agravada por la dependencia de generadores eléctricos para el bombeo, ha dejado a muchas comunidades con un acceso intermitente o inexistente al agua potable.
La situación ha sido reconocida por las autoridades. En octubre de 2024, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) informó que las lluvias escasas y el deterioro de la infraestructura hidráulica han complicado aún más el suministro. En La Habana, donde viven más de 2 millones de personas, las zonas más afectadas incluyen barrios populosos como Centro Habana y Habana Vieja, donde las tuberías obsoletas y los cortes de energía dificultan la distribución.
A pesar de los esfuerzos del gobierno por mitigar la crisis, como la reparación de equipos y la distribución mediante pipas, las soluciones privadas y comunitarias están llenando un vacío crítico. En Guanabo, algunos residentes han comenzado a instalar pequeños sistemas de filtración para tratar el agua de pozo, mientras que en la ciudad, los negocios de agua purificada han diversificado su oferta, vendiendo desde garrafones hasta botellas individuales. Estos emprendimientos, aunque no regulados de manera estricta, representan un alivio para muchas familias.
La emergencia del agua potable en La Habana refleja las tensiones más amplias que enfrenta Cuba en 2025: una economía en dificultades, una infraestructura envejecida y un régimen comunista que no brinda soluciones.
Mientras tanto, las iniciativas privadas y locales están emergiendo como un recurso vital, aunque insuficiente, para una población que no puede esperar más. La crisis, lejos de resolverse, pone a prueba la resiliencia de los habaneros y redefine cómo acceden a uno de los derechos más básicos: el agua.